Estamos en febrero, y ya he incumplido una de mis decisiones de año nuevo. Escribir todas las semanas. Hace un rato que no escribo. No he tenido ganas, no he tenido fuerzas.
Creo que estoy empeorando, y no sé qué hacer. Esta mañana he ido a un curso sobre creencias limitantes. He salido llevando conmigo herramientas para combatir la ansiedad, para combatir la gula. He salido con la experiencia de una chica de allí que me ha contado su batalla contra la anorexia. Y yo lo primero que he hecho ha sido recaer en comer por gula. Y lo que más me duele ahora, pasado un tiempo desde que comí, es que no quiero dejar de comer, porque me encanta. Pero odio la sensación de estar pesada, la sensación de tener siempre el cuerpo lleno, de ir dando tumbos.
Quiero sentirme de nuevo ligera, con energía, alegre, positiva, como ya he sido antes. ¿Por qué me cuesta tanto? No quiero tirar la toalla, no quiero. Deseo conseguir mis metas, alcanzar mis sueños, perseguir mis objetivos, pero a la hora de la verdad, me dejo llevar.
Este ha sido un infierno de mes. Cuestas arribas y cuestas abajo sucediéndose con demasiada frecuencia.
A veces creo que no lo lograré nunca, pero si otros han podido, ¿Por qué yo no voy a poder? ¿Acaso soy menos? El hecho de que yo crea que si es una ilusión, una mentira, que me he creído hasta el fondo. A pesar de saber que cuanto más caiga más me costará salir, sigo bajando. Sigo sin poder vivir la vida.
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sábado, 25 de febrero de 2017
viernes, 3 de febrero de 2017
Tres días, eso es lo que he durado comiendo sano y lo más vegano posible. Tres míseros días han bastado para que me deje llevar por la puñetera tentación. Y no quiero excusarme en la regla, las hormonas y las mierdas de siempre. No quiero. Esto lo he hecho de forma consciente, camuflándolo como "hambre" cuando solo es ansiedad y gula. No quiero esconderlo más. Si, ayer y hoy la he cagado, pero es solo una semana. Volveré a empezar las semanas que hagan falta hasta que lo consiga. Y cuando pase eso, será una semana tras otra de logros y caídas, hasta que sea permanente. Y entonces podré mirarme orgullosa en el espejo y decir que estoy feliz, que estoy sana, que lo he logrado, y que he luchado y lo he conseguido.
Por fin estaré sana. Física y mentalmente. Sobre todo mentalmente.
Por fin estaré sana. Física y mentalmente. Sobre todo mentalmente.
lunes, 30 de enero de 2017
No sé en qué momento conocí la ansiedad por primera vez. Creo que fue (como ya he contado) en aquel viaje a Burdeos. Aunque puede que fuese mucho antes. Al principio fue eso, ansiedad, pero cuando volví del viaje, se apagó bastante. Nada más volver decidí transicionar al vegetarianismo, y adelgacé bastante. Pero ya no era lo mismo. Tenía la imagen distorsionada de mí misma. No recuerdo haberme visto bien desde que volví, aunque ahora, mirando fotos, si que estaba bien.
La cosa empeoró mucho con segundo, aunque no lo notase tanto los primeros trimestres. Bueno, los primeros, el primero. Después de navidades, se puede decir que todo se fue a la mierda. Yo, mi cabeza, mi cuerpo y mi salud.
Mis familiares más cercanos me han dicho que he cambiado, que ya no soy la misma. Y al margen de cómo luzca por fuera, es cierto que por dentro soy otra persona. Y la ansiedad es una de las cosas que más me ha cambiado.
El peor momento para mi ansiedad, sin embargo, fue al entrar en la universidad. Recuerdo las dos semanas anteriores al comienzo de las clases y aún hoy me da terror. Y ahora, un cuatrimestre después, parece que he vuelto a esos momentos. No recordaba lo que era levantarme temblando, y no poder hacer otra cosa que pensar "Voy a mantenerme, voy a comer bien, voy a cuidarme" mientras mis manos hacen una cosa completamente distinta. No recordaba el no poder estudiar, porque no puedo concentrarme, porque mi mente no deja de dar vueltas, de intentar distraerse. No recordaba lo mal que me sentía por no poder hacer deporte, o más bien, no recordaba lo duro que se me hacía ir al gimnasio, tener que enfrentar el salir de casa, el ver mi imagen en un espejo, el ver cuánto había empeorado.
Tampoco recordaba el agujero en el estómago. La sensación de que por más que coma nunca me llenaré, y seguir comiendo, para olvidar todo. No recordaba los castigos auto infligidos.
Se ve que mi cerebro quería que no lo olvidase.
La cosa empeoró mucho con segundo, aunque no lo notase tanto los primeros trimestres. Bueno, los primeros, el primero. Después de navidades, se puede decir que todo se fue a la mierda. Yo, mi cabeza, mi cuerpo y mi salud.
Mis familiares más cercanos me han dicho que he cambiado, que ya no soy la misma. Y al margen de cómo luzca por fuera, es cierto que por dentro soy otra persona. Y la ansiedad es una de las cosas que más me ha cambiado.
El peor momento para mi ansiedad, sin embargo, fue al entrar en la universidad. Recuerdo las dos semanas anteriores al comienzo de las clases y aún hoy me da terror. Y ahora, un cuatrimestre después, parece que he vuelto a esos momentos. No recordaba lo que era levantarme temblando, y no poder hacer otra cosa que pensar "Voy a mantenerme, voy a comer bien, voy a cuidarme" mientras mis manos hacen una cosa completamente distinta. No recordaba el no poder estudiar, porque no puedo concentrarme, porque mi mente no deja de dar vueltas, de intentar distraerse. No recordaba lo mal que me sentía por no poder hacer deporte, o más bien, no recordaba lo duro que se me hacía ir al gimnasio, tener que enfrentar el salir de casa, el ver mi imagen en un espejo, el ver cuánto había empeorado.
Tampoco recordaba el agujero en el estómago. La sensación de que por más que coma nunca me llenaré, y seguir comiendo, para olvidar todo. No recordaba los castigos auto infligidos.
Se ve que mi cerebro quería que no lo olvidase.
Ansiedad: una lucha
Este apartado es como un diario. Lo escribo por y para mí, y para los que quieran seguirlo. No le voy a dar difusión, simplemente va a estar aquí. Como es lógico por el título, voy a tratar la ansiedad. No en general, si no en mí. Cómo la vivo, cómo me afecta. Escribiré en mis momentos de derrumbe y en mis momentos de motivación, subiré mis progresos y mis caídas, y me abriré al mundo que quiera y le interese leer esto.
No va a ser bonito, no me complicaré con figuras literarias y poéticas, escribiré la realidad tal y como la veo. Si tienes ansiedad y te identificas conmigo, te sirve de algo lo que escribo, o simplemente te da fuerzas o empatizas, me alegro. Espero que esto sirva para alguien más, pero la ansiedad no es igual para todos, así que realmente no lo espero.
Si no tienes ansiedad y estás leyendo esto, espero que te ayude a comprender cuánto afecta, y que así sepas tratar mejor a alguien con ansiedad.
Y es es todo.
No va a ser bonito, no me complicaré con figuras literarias y poéticas, escribiré la realidad tal y como la veo. Si tienes ansiedad y te identificas conmigo, te sirve de algo lo que escribo, o simplemente te da fuerzas o empatizas, me alegro. Espero que esto sirva para alguien más, pero la ansiedad no es igual para todos, así que realmente no lo espero.
Si no tienes ansiedad y estás leyendo esto, espero que te ayude a comprender cuánto afecta, y que así sepas tratar mejor a alguien con ansiedad.
Y es es todo.
sábado, 28 de enero de 2017
Mis problemas: al desnudo
Estoy terriblemente triste. ¿Por qué? Te preguntarás. O quizás no te importa. Aunque me gustaría pensar que sí.
Estoy triste por mi. Oh, si, sé que esperabas que estuviese triste por algo que no fuera yo. Quizás alguna guerra, la desigualdad, o algo más importante. Pero no, estoy triste por mi, estoy decepcionada, como siempre, y en estos momentos, son en los que me pregunto si realmente sirvo para algo, si realmente tengo alguna función en este mundo, si realmente conseguiré algo de lo que me proponga en esta vida.
Me pregunto si conseguiré cambiar mi mente, si lograré alcanzar mis objetivos. O aún más fácil, me pregunto si algún día sabré qué es lo que quiero ser, qué es lo que quiero hacer, qué es lo que me apasiona. O seré de esas personas que se pasa toda la vida perdida, errante, buscando algo sin saber qué busca, persiguiendo sueños que no logra cumplir, pensando que no valgo, que no sirvo, que nunca lo lograré. Y cuando lo encuentre, será demasiado tarde. Seré de esas personas que se dan cuenta de que han perdido la vida intentando, sin hacer nada. Que han perdido el tiempo buscando, en vez de creando.
No digo que yo sea una persona sin metas. Las tengo. No digo que no sea una persona luchadora, lo soy. Digo que soy débil, aunque finjo no serlo y llevo siempre una especie de coraza que no deja de ser actuado. Digo que mi fuerza de voluntad no es mucha, aunque juro que lo que más deseo es fortalecerla. Digo que me hundo fácilmente, que prefiero cargar con los problemas de los demás y ayudarles antes que pedir ayuda y encargarme de los míos. Nunca pido ayuda porque tengo que hacerlo sola, porque tengo que ser yo la que lidie con ello.
Ya puedes ver adonde me ha conducido eso. Llevo dos años o más así. A veces bien, a veces mal.
No he hablado de qué problema tengo. Normal, es algo de lo que odio hablar. Me avergüenzo profundamente de ello. Y no solo eso. Cuando hablo sobre esto, pero le ocurre a otra persona, suelo tratarlo con desprecio, como si fuese fácil. Cuando sé mejor que nadie, que no es fácil.Que luchar contra un impulso no es fácil, que casi siempre pierdes. Yo veo a las personas que están obesas, y que tras un año o dos han cambiado por completo, y yo las admiro, porque me encantaría tener ese auto control, me encantaría poder decir que me he esforzado, que he luchado y que lo he conseguido.
A día de hoy, lo más que puedo decir, es que "lo intento".
Hubo un tiempo en el que lo conseguí. Y era feliz. Pero ese momento pasó. Desde entonces, todo ha sido una montaña rusa.
Qué tengo. Qué me pasa. Muchos ya lo habréis imaginado o lo intuís. Tengo ansiedad. Y son muchísimos los detonantes. También tengo la fea costumbre de escapar del mundo. Cuando sufrí bullying en el colegio, me refugié en los libros. Pero ese no es el problema. El problema empezó cuando empecé a refugiarme en la comida. No soporto hablar de esto, me parece algo tan... no sé. No quiero decir ridículo, porque para mí no lo es, y quizás para otra persona que lo sufre tampoco. Y no voy a ridiculizar el sufrimiento de otra persona, aunque lo haga con el mío.
Ansiedad. Suele detonarse cuando tengo miedo, cuando estoy estresada, en situaciones nuevas... Por ejemplo, la primera vez que tuve ansiedad fue cuando me fui un mes a estudiar a Burdeos. Bueno, quizás no la primera, pero sí la primera vez que me di cuenta. Engordé 5 kilos. Siempre lo recordaré porque antes de irme, estaba a punto de cumplir uno de mis objetivos a nivel físico. Aún a día de hoy, sigue siendo uno de mis objetivos, pero cada día que pasa lo veo más lejos de mí. Estaba en el momento perfecto, y en un mes me las arreglé para echar a perder el trabajo de más de medio año.
Ya nada volvió a ser igual. Yo era incapaz de controlarme comiendo. No podía. Aún no puedo. Oh, puedo estar, pero siempre habrá algún día en el que coma por cuatro. Y ese día será el peor de mi existencia. Imaginaos eso varias veces al mes. Sé que estás pensando. "No es tan difícil. Deja de comer. ¡Contrólate!" Ya, bueno, puedo asegurar que mi mente en esos momentos está de todo menos lúcida. O quizás es una excusa más que me pongo para no controlarme. En cualquier caso, sigo.
Después de ese verano, llegó segundo de bachiller. Conseguí mantenerme más o menos hasta navidades. Pasado ese momento, la ansiedad fue lo único que estuvo en mi mente hasta selectividad, e incluso después. En verano, intenté volver a mi antiguo yo. No lo conseguí. En los dos viajes que hice, a Amsterdam y París, la ansiedad fue mi acompañante más fiel. Y cuando regresé, fue a peor. ¿Motivo? La universidad empezaba en un par de semanas.
Mis amigues son testigos. No salí de casa. Me vicié a una serie. Verla y comer. Era lo único que hacía. Un círculo vicioso que me hacía caer hacia el fondo del pozo. Pensé que había tocado fondo. Parece ser que no.
Desde que empecé la universidad, ha mejorado.O más bien, desde que estoy en el equipo de rugby, he mejorado. Pero a pesar de todos mis esfuerzos, sigue presente, y cada vez que me meto en algo que me da "miedo", nervios, o algo, como. Lo odio. Odio manejar tan mal la ansiedad. No lo soporto.
¿Las consecuencias de todo esto? Ya lo ves. Baja autoestima, por no decir nula, altibajos, bruscos cambios de humor (y cuando digo bruscos, sigo MUY bruscos), pasando de la tristeza más absoluta la normalidad en minutos, distorsión mental de mi imagen, nula confianza en mis habilidades (excepto el deporte y escribir, sorprendentemente), dejadez, dificultad de concentración... También me limita a la hora de relacionarme, porque me encierro en casa. No quiero que nadie me vea en ese estado porque me da miedo que me juzguen, que se rían, que me critiquen. Sigo teniendo miedo a no cumplir con las expectativas, sigue importándome lo que piensen los demás de mi (ansiedad social, vaya).
Sé que soy más que mi cuerpo. Porque todos somos más que nuestro físico. Porque yo no juzgo a los demás por su físico. Pero si me juzgo a mí por mi físico. Sí que me importa mi físico. Sí que tengo metido entre ceja y ceja que soy mi físico. Aunque no sea cierto. Y sé que debería cambiar mi mente, pero yo sé de sobra que si quiero estar bien conmigo misma, tengo que estar acorde con la imagen que tengo en la cabeza de cómo quiero estar, cómo quiero ser.
Otra de las cosas que me afecta mucho, es el hecho de que me cuesta mucho llorar. Yo no suelo manifestar la tristeza llorando. Ojalá pudiera. Así que la expreso de otra manera. Por lo visto, comiendo también.O como ahora, escribiendo. Hay gente a la que no le gusta llorar. A mí no me gusta. Pero hay veces en las que deseo ardientemente llorar, desahogarme, y lo único que consigo, es frustrarme.
Yo solo lloro por dos motivos (en general. Lloro por más cosas pero es muy raro). Frustración extrema o ruptura de corazón (En sentido figurado se entiende). Y ninguna de las dos se da habitualmente en mi vida. Envidio a la gente que llora.
Quiero dejar claro que aunque yo maneje la ansiedad con atracones, (lo que en su momento yo pensé que era bulimia) también la he manejado y la manejo de otras maneras. Unas fueron pasajeras (o eso espero) y otras las sigo usando. Todas son dañinas para mi mente y para mí. También quiero decir que no se me considera una persona gorda, aunque muchos halláis pensado que si lo soy. Yo también lo creo, aunque sé que tengo una distorsión mental sobre mi imagen.
¿Qué más decir? Tengo la sensación de que no voy a poder salir de aquí. De que nunca levantaré cabeza. Pero quiero que tú que lees esto sepas, que aunque yo no lo haga, tú si puedes. Tú puedes hacer todo lo que te propongas. Porque tienes la fuerza. Tienes la capacidad, tienes el coraje. Por muy lejana que parezca tu meta, hazlo. Aunque tardes meses o años, aunque te caigas mil y una veces, SIGUE LUCHANDO.
He demostrado tener la fantástica capacidad de aconsejar y saber animar a la gente, y de ser incapaz de seguir mis propios consejos y de animarme a mí misma, así que por favor, hazme caso. Yo no soy un ejemplo a seguir, pero que mis palabras te sirvan de ayuda.
Eres únique, vales mucho más de lo que te piensas, puedes con todo, y te amo, independientemente de quién seas, cómo seas, qué problemas tengas. Y sé que aprender a quererse a uno mismo es un camino arduo y duro, pero merece la pena recorrerlo. Porque al final del día, solo nos tenemos a nosotres mismes. Y recuerda, que la única aceptación que tiene que importar es la tuya, no la de los demás. La suya, aunque parezca importante, no lo es. Si te aceptas tú, el resto no importa.
Y lo último que tengo que decir, es que no necesitas a nadie para aceptarte, para quererte. Yo tengo metido a presión que si tuviese a alguien en mi vida (pareja) todo sería más fácil, aprendería a quererme, a aceptarme. Pero me engaño. Sé que solo conseguiría la aprobación externa, y que en cuanto estuviese sola, me vería exactamente igual que siempre. Mi mente no habría cambiado en lo más mínimo. No hagas como yo. No necesitas a nadie para ser feliz, ni para quererte, ni para nada.
Sólo te necesitas a ti. Si sabes estar a solas contigo, no necesitas nada más. Si estás a gusto contigo, ya lo tienes todo. Lo demás es secundario. Lo principal, eres tú. Siempre.
*Si tienes alguna duda, pregunta, o pensamiento que quieres compartir conmigo, puedes dejarlo en comentarios. O si prefieres decírmelo por privado, puedes mandarme un mail a ellalaloba@gmail.com o MD por twitter: @darkeltan o incluso instagram: @dark_eltan. Espero que te motive y te ayude a luchar por lo que quieres.*
Mirándolo ahora desde fuera, quizás es demasiado expresivo, demasiado exagerado pero no lo voy a cambiar. Porque quiero que te transmita, quiero que sientas, quiero que te emociones, que creas lo que cuento.
Estoy triste por mi. Oh, si, sé que esperabas que estuviese triste por algo que no fuera yo. Quizás alguna guerra, la desigualdad, o algo más importante. Pero no, estoy triste por mi, estoy decepcionada, como siempre, y en estos momentos, son en los que me pregunto si realmente sirvo para algo, si realmente tengo alguna función en este mundo, si realmente conseguiré algo de lo que me proponga en esta vida.
Me pregunto si conseguiré cambiar mi mente, si lograré alcanzar mis objetivos. O aún más fácil, me pregunto si algún día sabré qué es lo que quiero ser, qué es lo que quiero hacer, qué es lo que me apasiona. O seré de esas personas que se pasa toda la vida perdida, errante, buscando algo sin saber qué busca, persiguiendo sueños que no logra cumplir, pensando que no valgo, que no sirvo, que nunca lo lograré. Y cuando lo encuentre, será demasiado tarde. Seré de esas personas que se dan cuenta de que han perdido la vida intentando, sin hacer nada. Que han perdido el tiempo buscando, en vez de creando.
No digo que yo sea una persona sin metas. Las tengo. No digo que no sea una persona luchadora, lo soy. Digo que soy débil, aunque finjo no serlo y llevo siempre una especie de coraza que no deja de ser actuado. Digo que mi fuerza de voluntad no es mucha, aunque juro que lo que más deseo es fortalecerla. Digo que me hundo fácilmente, que prefiero cargar con los problemas de los demás y ayudarles antes que pedir ayuda y encargarme de los míos. Nunca pido ayuda porque tengo que hacerlo sola, porque tengo que ser yo la que lidie con ello.
Ya puedes ver adonde me ha conducido eso. Llevo dos años o más así. A veces bien, a veces mal.
No he hablado de qué problema tengo. Normal, es algo de lo que odio hablar. Me avergüenzo profundamente de ello. Y no solo eso. Cuando hablo sobre esto, pero le ocurre a otra persona, suelo tratarlo con desprecio, como si fuese fácil. Cuando sé mejor que nadie, que no es fácil.Que luchar contra un impulso no es fácil, que casi siempre pierdes. Yo veo a las personas que están obesas, y que tras un año o dos han cambiado por completo, y yo las admiro, porque me encantaría tener ese auto control, me encantaría poder decir que me he esforzado, que he luchado y que lo he conseguido.
A día de hoy, lo más que puedo decir, es que "lo intento".
Hubo un tiempo en el que lo conseguí. Y era feliz. Pero ese momento pasó. Desde entonces, todo ha sido una montaña rusa.
Qué tengo. Qué me pasa. Muchos ya lo habréis imaginado o lo intuís. Tengo ansiedad. Y son muchísimos los detonantes. También tengo la fea costumbre de escapar del mundo. Cuando sufrí bullying en el colegio, me refugié en los libros. Pero ese no es el problema. El problema empezó cuando empecé a refugiarme en la comida. No soporto hablar de esto, me parece algo tan... no sé. No quiero decir ridículo, porque para mí no lo es, y quizás para otra persona que lo sufre tampoco. Y no voy a ridiculizar el sufrimiento de otra persona, aunque lo haga con el mío.
Ansiedad. Suele detonarse cuando tengo miedo, cuando estoy estresada, en situaciones nuevas... Por ejemplo, la primera vez que tuve ansiedad fue cuando me fui un mes a estudiar a Burdeos. Bueno, quizás no la primera, pero sí la primera vez que me di cuenta. Engordé 5 kilos. Siempre lo recordaré porque antes de irme, estaba a punto de cumplir uno de mis objetivos a nivel físico. Aún a día de hoy, sigue siendo uno de mis objetivos, pero cada día que pasa lo veo más lejos de mí. Estaba en el momento perfecto, y en un mes me las arreglé para echar a perder el trabajo de más de medio año.
Ya nada volvió a ser igual. Yo era incapaz de controlarme comiendo. No podía. Aún no puedo. Oh, puedo estar, pero siempre habrá algún día en el que coma por cuatro. Y ese día será el peor de mi existencia. Imaginaos eso varias veces al mes. Sé que estás pensando. "No es tan difícil. Deja de comer. ¡Contrólate!" Ya, bueno, puedo asegurar que mi mente en esos momentos está de todo menos lúcida. O quizás es una excusa más que me pongo para no controlarme. En cualquier caso, sigo.
Después de ese verano, llegó segundo de bachiller. Conseguí mantenerme más o menos hasta navidades. Pasado ese momento, la ansiedad fue lo único que estuvo en mi mente hasta selectividad, e incluso después. En verano, intenté volver a mi antiguo yo. No lo conseguí. En los dos viajes que hice, a Amsterdam y París, la ansiedad fue mi acompañante más fiel. Y cuando regresé, fue a peor. ¿Motivo? La universidad empezaba en un par de semanas.
Mis amigues son testigos. No salí de casa. Me vicié a una serie. Verla y comer. Era lo único que hacía. Un círculo vicioso que me hacía caer hacia el fondo del pozo. Pensé que había tocado fondo. Parece ser que no.
Desde que empecé la universidad, ha mejorado.O más bien, desde que estoy en el equipo de rugby, he mejorado. Pero a pesar de todos mis esfuerzos, sigue presente, y cada vez que me meto en algo que me da "miedo", nervios, o algo, como. Lo odio. Odio manejar tan mal la ansiedad. No lo soporto.
¿Las consecuencias de todo esto? Ya lo ves. Baja autoestima, por no decir nula, altibajos, bruscos cambios de humor (y cuando digo bruscos, sigo MUY bruscos), pasando de la tristeza más absoluta la normalidad en minutos, distorsión mental de mi imagen, nula confianza en mis habilidades (excepto el deporte y escribir, sorprendentemente), dejadez, dificultad de concentración... También me limita a la hora de relacionarme, porque me encierro en casa. No quiero que nadie me vea en ese estado porque me da miedo que me juzguen, que se rían, que me critiquen. Sigo teniendo miedo a no cumplir con las expectativas, sigue importándome lo que piensen los demás de mi (ansiedad social, vaya).
Sé que soy más que mi cuerpo. Porque todos somos más que nuestro físico. Porque yo no juzgo a los demás por su físico. Pero si me juzgo a mí por mi físico. Sí que me importa mi físico. Sí que tengo metido entre ceja y ceja que soy mi físico. Aunque no sea cierto. Y sé que debería cambiar mi mente, pero yo sé de sobra que si quiero estar bien conmigo misma, tengo que estar acorde con la imagen que tengo en la cabeza de cómo quiero estar, cómo quiero ser.
Otra de las cosas que me afecta mucho, es el hecho de que me cuesta mucho llorar. Yo no suelo manifestar la tristeza llorando. Ojalá pudiera. Así que la expreso de otra manera. Por lo visto, comiendo también.O como ahora, escribiendo. Hay gente a la que no le gusta llorar. A mí no me gusta. Pero hay veces en las que deseo ardientemente llorar, desahogarme, y lo único que consigo, es frustrarme.
Yo solo lloro por dos motivos (en general. Lloro por más cosas pero es muy raro). Frustración extrema o ruptura de corazón (En sentido figurado se entiende). Y ninguna de las dos se da habitualmente en mi vida. Envidio a la gente que llora.
Quiero dejar claro que aunque yo maneje la ansiedad con atracones, (lo que en su momento yo pensé que era bulimia) también la he manejado y la manejo de otras maneras. Unas fueron pasajeras (o eso espero) y otras las sigo usando. Todas son dañinas para mi mente y para mí. También quiero decir que no se me considera una persona gorda, aunque muchos halláis pensado que si lo soy. Yo también lo creo, aunque sé que tengo una distorsión mental sobre mi imagen.
¿Qué más decir? Tengo la sensación de que no voy a poder salir de aquí. De que nunca levantaré cabeza. Pero quiero que tú que lees esto sepas, que aunque yo no lo haga, tú si puedes. Tú puedes hacer todo lo que te propongas. Porque tienes la fuerza. Tienes la capacidad, tienes el coraje. Por muy lejana que parezca tu meta, hazlo. Aunque tardes meses o años, aunque te caigas mil y una veces, SIGUE LUCHANDO.
He demostrado tener la fantástica capacidad de aconsejar y saber animar a la gente, y de ser incapaz de seguir mis propios consejos y de animarme a mí misma, así que por favor, hazme caso. Yo no soy un ejemplo a seguir, pero que mis palabras te sirvan de ayuda.
Eres únique, vales mucho más de lo que te piensas, puedes con todo, y te amo, independientemente de quién seas, cómo seas, qué problemas tengas. Y sé que aprender a quererse a uno mismo es un camino arduo y duro, pero merece la pena recorrerlo. Porque al final del día, solo nos tenemos a nosotres mismes. Y recuerda, que la única aceptación que tiene que importar es la tuya, no la de los demás. La suya, aunque parezca importante, no lo es. Si te aceptas tú, el resto no importa.
Y lo último que tengo que decir, es que no necesitas a nadie para aceptarte, para quererte. Yo tengo metido a presión que si tuviese a alguien en mi vida (pareja) todo sería más fácil, aprendería a quererme, a aceptarme. Pero me engaño. Sé que solo conseguiría la aprobación externa, y que en cuanto estuviese sola, me vería exactamente igual que siempre. Mi mente no habría cambiado en lo más mínimo. No hagas como yo. No necesitas a nadie para ser feliz, ni para quererte, ni para nada.
Sólo te necesitas a ti. Si sabes estar a solas contigo, no necesitas nada más. Si estás a gusto contigo, ya lo tienes todo. Lo demás es secundario. Lo principal, eres tú. Siempre.
*Si tienes alguna duda, pregunta, o pensamiento que quieres compartir conmigo, puedes dejarlo en comentarios. O si prefieres decírmelo por privado, puedes mandarme un mail a ellalaloba@gmail.com o MD por twitter: @darkeltan o incluso instagram: @dark_eltan. Espero que te motive y te ayude a luchar por lo que quieres.*
Mirándolo ahora desde fuera, quizás es demasiado expresivo, demasiado exagerado pero no lo voy a cambiar. Porque quiero que te transmita, quiero que sientas, quiero que te emociones, que creas lo que cuento.
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